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01 septiembre, 2023

Frederick Wiseman - National Gallery (2014)

 
Inglés | Subs: Castellano/English (muxeados)
173 min | x264 1280x720 | 2300 kb/s | 192 kb/s AC3 | 25 fps
3,02 GB
Casi al comienzo de este documental de tres horas de duración que el veterano Frederick Wiseman ha dedicado a una de las grandes pinacotecas del mundo —realmente, ¿alguien puede acusar al metraje de excesivo con ese objeto de estudio, con todo ese universo a disposición de la cámara?—, una empleada en el equipo de gestión del museo —posiblemente vinculada al departamento de comunicación y prensa— intenta convencer a Nicholas Penny, director de la institución, de la necesidad de tener en cuenta la mirada y la opinión del público en futuras decisiones administrativas. Se plantea, así, un interesante tema de reflexión —la licitud de utilizar dispositivos espectaculares y populistas para la seducción frente a un tratamiento exigente y responsable del legado cultural—, pero, al mismo tiempo, la secuencia abre la puerta al centro del discurso de National Gallery, que no es otro que cuestionar la idea del museo como mausoleo de la Cultura para proponerlo como organismo vivo y espacio de diálogo entre el pasado y el presente.
Wiseman muestra muchas cosas y levanta acta del funcionamiento complejo —y, a veces, problemático— de un espacio como la National Gallery, pero su mirada se complace en detenerse, reiteradamente, sobre el placer de los visitantes, asistiendo a estimulantes lecturas de pinturas emblemáticas, descifradas con contagiosa pasión por algunos de los guías del museo. Pinturas entendidas casi como películas potenciales —sensacional la lectura del Sansón y Dalila de Rubens como película de espías—, aguardando a ser proyectadas en la sala oscura de la mente del visitante.
Wiseman sabe que la elección del encuadre y la compresión del tiempo que determina el montaje son la inevitable forma de manipulación con que carga el documental desde Flaherty. Más allá de eso, su ética artística se fundamenta en la observación y en la no intervención, en la invisibilidad del documentalista. National Gallery también habla del pasado oscuro de la institución —su origen en la economía del tráfico de esclavos—, de recortes en política cultural, de la ardua labor de restauradores, de luz y colocación de obras, del puso con campañas promocionales… Un trabajo riguroso y accesible. ¬¬ Jordi Costa, El País
Frederick Wiseman’s monumental documentary study of the National Gallery in London makes it look like a secular cathedral, full of hushed grandeur. The film is presented with Wiseman’s habitual clarity and austerity: no voiceovers, no obvious direction or overall “story”, just a succession of unhurried scenes – though it is slightly shorter than his recent work – and an emphasis on talking heads and professional expertise. There is a cerebral calm. Often, as we are permitted access to a budget meeting or PR discussion, an art-history lecture, nude life study or some craftsman’s minutely exacting restoration work, you will be intensely aware of the gallery’s background silence, which is as an almost audible hum. Maybe it is the lighting or the air-con, or the distant bee-like murmur of the public in some far-off exhibition space, or maybe even the distant traffic of Trafalgar Square.

We begin with an intriguing address on the subject of a work from the Middle Ages, an altarpiece designed to be seen in a church. These images were drenched in belief. Now, in our secular age, the gallery enacts this religious impulse and religious rhetoric. Wiseman begins with a succession of shots of the paintings and portraits, and juxtaposes these with the gallery visitors: they are the pilgrims of art and civic high seriousness. The curators and scholars are generally heard speaking with an echoey tone – like a priest’s address in church. An intriguing and valuable record. ¬¬¬ Peter Bradshaw, The Guardian
 
 

27 mayo, 2023

Frederick Wiseman - High School (1969)

 
Inglès | Subs:Castellano/English (muxed)
 74 min | x264 1920x1080 | 5500 kb/s | 192 kb/s AC3 | 29,97 fps
WEB rip 2,96 GB
Prácticamente todo en High School, un retrato salvajemente cómico de un "buen" colegio secundario público de Filadelfia, gira en torno a unas pocas ideas centrales: el uso de la banalidad por parte del colegio para controlar a los alumnos, la supresión de la sexualidad y la independencia de los estudiantes. La película comienza con una profesora que empieza su clase leyendo el "pensamiento del día" ("Lo que hago hoy va a cambiar mi vida mañana") y una clase de español que aprende de memoria la palabra "existencialismo". El "pensamiento del día" es banal, pero también espantoso, pues nos damos cuenta de que es la escuela, y no los propios alumnos, la que intenta cambiar sus vidas. Como sugiere el chiste de Wiseman sobre el existencialismo, los estudiantes están estudiando la libertad de una manera que les impedirá ser libres.
Estas percepciones se repiten y varían a lo largo de la película y alcanzan su punto álgido en la secuencia final, en la que la directora, una mujer atractiva con una fina cabellera blanca, lee al profesorado una carta de un recién graduado, un chico que espera morir en Vietnam. "No se preocupen por mí", escribe el chico. "Sólo soy un cuerpo haciendo un trabajo". En todas partes de la escuela, en las aulas y en las oficinas administrativas y en los largos pasillos, hemos visto a los omnipresentes profesores y funcionarios de la escuela, asustados y atados a las normas, tratando de formar adolescentes que se sometan a la autoridad. En este caso parece que lo han conseguido. El chico, con palabras de auto-negación que el director aplaude, ha entregado a la escuela incluso el sentido de su propia muerte. High School es un siniestro y muy sagaz retrato de la búsqueda de la mediocridad en Estados Unidos, una película de ingenio casi nabokoviano.
-- Todo el texto es de David  Denby para The New York Review of Books
Virtually everything in High School, a savagely comic portrait of a “good” public high school in Philadelphia, gathers around a few central ideas: the school’s use of banality to control the students, the suppression of the students sexuality and independence. The movie begins with a teacher starting her class by reading the “thought for the day” (“What I do today is going to change my life tomorrow”) and a Spanish class learning the word “existentialism” by rote. The “thought for the day” is banal, but it is also appalling, for we realize that it is the school, not the students themselves, that is trying to change their lives. As Wiseman’s joke about existentialism suggests, the students are studying freedom in a way that will discourage them from being free.
These perceptions are repeated and varied throughout the film and reach a climax in the final sequence, in which the principal, a handsome woman with a fine head of white hair, reads to the faculty a letter from a recent graduate, a boy expecting to die in Vietnam. “Don’t worry about me,” the boy writes. “I’m just a body doing a job.” Everywhere in the school, in the classrooms and administrative offices and in the long hallways, we have seen the omnipresent teachers and school officials, frightened and rule-bound, trying to turn out teenagers who will submit to authority. In this case they have apparently succeeded. The boy, in words of self-negation that the principal applauds, has surrendered to the school even the meaning of his own death. High School is a sinister and very shrewd portrait of the American pursuit of mediocrity, a film of almost Nabokovian wit.
-- All text by David Denby, The New York Review of Books

WEB rip de Iron Window (KG)
 
Subs en castellano anónimos y de buena calidad 

Entrevista a Wiseman en la revista Minerva
 
Destaco este fragmento sobre el cine de Michael Moore:
"No me gusta que las ideas políticas interfieran en la historia que trato de contar. Si mi mirada fuera más ideológica simplificaría sin remedio la realidad. Los documentales de corte ideológico solo consiguen dirigirse a aquellos que tienen unas convicciones semejantes. Yo más bien aspiro a respetar la complejidad de las situaciones, pretendo proporcionar herramientas que ayuden a comprender una realidad nada simple. En mi opinión, los enfoques ideológicos atentan contra la información. Directores como Michael Moore asumen que su audiencia está formada por zoquetes y que ellos son lo suficientemente listos como para proporcionarles las explicaciones necesarias para comprender la realidad. Pero el hecho es que en una sociedad democrática existen muchas fuentes de información y el documental, político o no, es solo una de ellas. La gente ve la televisión, lee periódicos, navega por Internet, así que la idea de que una película es lo suficientemente poderosa como para influenciar a un grupo amplio de personas a través de su mensaje ideológico no es más que el reflejo de la actitud narcisista de un director. "
 
Notas sobre dos conferencias de Frederick Wiseman
por Marina Moguillansky en  Cine Documental