Sueco | Subs:Castellano/English/PT/IT/FR (muxed)
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3,17 GB
Luz de invierno
Thomas es un pastor protestante que celebra los oficios religiosos con
la iglesia casi vacía. Es un hombre solitario que sufre una profunda
crisis espiritual y cuya vida carece de sentido. Incluso el amor que le
profesa la maestra Marta se ha vuelto para él una carga insoportable. Su
situación se agrava al verse incapaz de ofrecer ayuda alguna a una
pareja de campesinos que acuden a él para pedirle consejo. Cuando, poco
después, el campesino se suicida, Thomas se encuentra al borde del
abismo y ya nada podrá llenar su vacío interior.
Uno de los temas recurrentes del genial director de cine Ingmar Bergman
(Uppsala, 1948 – Isla de Faro, 2007) fue la aparente ausencia de Dios.
Esa contradicción que atravesó -y atraviesa- a las sociedades
contemporáneas, entre el racionalismo escéptico y las necesidad
espiritual inherente al ser humano. Dudas del materialismo enfrentadas
al océano de misterio que significa estar vivo. Y todas las preguntas
humanas que nacen en el medio.En el relato bergmaniano se reitera la
necesidad de encontrar respuestas, cuando no auxilio, en la divinidad.
Pero esas respuestas no llegan, algo que muchos seres humanos
interpretan como un mensaje en sí mismo, como un premio o un castigo,
aunque no haya habido contestación divina. Sin embargo, la atmósfera
creada por el maestro sueco -hijo de un severo pastor luterano- si bien
critica imposiciones clericales absurdas, deja la puerta abierta hacia
la existencia de un orden superior, hacia un universo infinito cuyas
reglas aún no comprendemos.Mientras se desgrana ese dilema, en sus obras
maestras desfilan temas viscerales como la muerte, la traición, el
honor, la justicia y la soledad. El silencio de Dios se rastrea en
algunas de sus películas más admiradas: El séptimo sello (1956), .La
fuente de la doncella. (1959) y Cuando huye el día. (1957).
Quizá, la conclusión del maestro esté en la obra que los críticos
interpretaron como un testamento -si bien siguió filmando-, .Fanny y
Alexander. (1982), en la que uno de los personajes reza: .Nosotros no
hemos venido al mundo para desvelar sus misterios, no estamos equipados
para semejantes menesteres y es mejor que ignoremos los grandes
interrogantes, porque vivimos en nuestro pequeño mundo. Nos contentamos
con eso. [...] Pero para ello es necesario saber hallar el placer en
este, nuestro pequeño mundo….Intentando aproximarse a su leyenda, el
actor Max von Sydow -la cara de gran parte de sus personajes- lo definió
así: .No he conocido a nadie que sepa tanto y profundamente sobre la
naturaleza del hombre. Y es a partir de ese conocimiento cuando él puede
transmitir tanto cinismo en sus personajes, pero al mismo tiempo siente
pasión por la vida. Bergman es capaz de sentirse sorprendido por las
historias de la gente y por la naturaleza humana. Puede captar lo que
todos llevamos dentro. Y quizá sea esto lo que percibimos cuando vemos
sus películas. Si tuviera que volver a filmar un clásico, como el Fausto
de Goethe, no se sentiría para nada influido por las numerosas
adaptaciones que se han hecho. (La Contramarcha)
Dos de los grandes ejes temáticos de la filmografía de Bergman, la duda
metafísica (El séptimo sello, Como en un espejo...) y el análisis
introspectivo de las relaciones íntimas (Secretos de un matrimonio, Un
verano con Mónica...) se funden magistralmente en esta película,
formando una unidad indisociable donde ningún motivo se supedita al
otro.Si en Fanny y Alexander está “todo Bergman” por expansión de
personajes y situaciones, aquí lo está por reducción a sus rasgos
esenciales. De esta manera, la puesta en escena deviene una de las más
concisas, depuradas y austeras de su autor.La desnudez formal se traduce
en un rigor compositivo donde los primeros planos alcanzan un
significado de tal magnitud que se convierten en dignos herederos de los
de La pasión de Juana de Arco. La analogía con Dreyer nos podría llevar
también a Gertrud, en cuanto al meditado uso de los fondos en conexión
con las emociones de los personajes.A mi juicio, Gunnar Björnstrand
realiza el mejor trabajo de su carrera e Ingrid Thulin está, como
siempre, inconmensurable. La implacable fotografía en blanco y negro de
Sven Nykvist probablemente sólo tiene parangón con la de Persona, otra
de las obras capitales del dúo creador. En fin, aunque algunos todavía
consideren Los comulgantes esclava de su época y, por tanto, caduca o
pasada de moda, para mí siendo una obra de arte absolutamente
intemporal, cumbre de Ingmar Bergman y un hito que demuestra, una vez
más, que la auténtica complejidad se alcanza a través de la más absoluta
sencillez. (Quim Casals)
Winter Light is the second in a trilogy of dramas by acclaimed
Swedish director Ingmar Bergman that explores religious faith and doubts
in a visceral, visual, and provocative manner. The first, Through a
Glass Darkly, was an international success and heralded this new phase
in the director's career. This compelling drama is set within a
three-hour period on a Sunday afternoon in November, and begins when the
local pastor, Tomas Ericsson (Gunnar Bjornstrand), is finishing his
sermon. As of late, Pastor Ericsson has watched his congregation dwindle
to a minimal level. Among the remaining parishioners is Marta (Ingrid
Thulin) a plain-looking schoolteacher who has long been in love with the
pastor. Meanwhile, fisherman Jonas (Max von Sydow) is anxiety-ridden
over the nuclear power of the Communist Chinese, but Pastor Ericsson
cannot help him, saddled with some overwhelming spiritual dilemmas of
his own. As Ericsson struggles with his demons and faces Marta's
unwanted (and to him, repugnant) romantic attentions, some hints of the
qualities of God begin to surface.
Blu Ray rip del grupo Public
Una publicación original de saynomoreglass
Ahora que resubiste ésta de Bergman, se me ocurre que me pasa algo con el cine del Gran Sueco: me cuesta empezar a ver sus películas, a veces se quedan meses en el grupo de películas por ver que tengo por ahí. Me quedo parado ante ellas como delante de un lago de montaña cuya aguas sé refrescantes pero aterradoramente profundas. Hasta que me decido a dar el chapuzón. Y nunca me arrepiento.
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